4 jul. 2012

Eliot


Esta entrada va dedicada a Eliot, uno de lxs muchxs perrxs que han sufrido el trato especista de humanxs insensibles y egoístas, por desgracia abundantes en toda la humanidad.

Voy a comenzar la historia de Eliot por el final: en la foto lo vemos ya en la Protectora de Animales de Pechina (Almería - Andalucía | http://www.sosadopta.org/index.html), tras ser abandonado por su "familia". Y entrecomillo familia porque para perjuicio de nuestro protagonista, a esos seres no se les puede catalogar como tales.

Eliot vivía (si a eso se le puede llamar vida) en un piso que estaba situado justo en frente de mi casa y a la misma altura. Lo tenían atado con una correa a la barandilla del balcón las 24h del día los trescientos sesenta y cinco días del año, salvo cuando lo sacaban a pasear, que era el único momento en el que se sentía libre. No os podéis imaginar lo que sentía cuando veía cómo una familia separaba de esa forma a quien debería ser uno más y estar integrado como cualquiera. Eso no es convivir, eso es tratar a un ser que tiene sentimientos como si fuese un jarrón de diseño o una silla vieja que tienes colocada en el trastero o en el balcón.

Nuestro amigo canino jamás pudo sentir el amor y la amistad de quienes lo menospreciaban. Ni un beso, ni un abrazo, nada. No era nada para ellxs. A consecuencia de estar siempre en un balcón que da a la calle, y al movimiento diario que hay en ella, se pasaba horas y horas ladrando cuando se producían excesos de ruido a causa de los gritos de lxs niñxs que juegan en la calle. Podían ser las 17.00 de la tarde, como las 00.30 de la madrugada, él ladraba y ladraba. ¿Cuál era la respuesta ante esos ladridos por parte de su "familia"? Ignorarle. Lloviese, hiciese viento o tronase, a Eliot no lo liberaban. No lo aguardaban en su casa, solamente tenía una sábana en forma de toldo que lo cubría parcialmente.

Los últimos días que pasó en su antigua prisión (estar atado a una barandilla de un balcón no lo considero un hogar), sufrió a causa de los constantes cohetes que lanzaban en mi barrio en la celebración de las fiestas patronales. Yo mismo presenciaba desde mi habitación cómo ladraba desesperadamente, saltaba (lo que podía, estaba atado) y parecía pedir a lxs indeseables que lo acogieron que le ayudasen y lo protegiesen. Imaginaos a un niño de tres años que escucha ruidos atronadores y su reacción, probablemente no pararía de llorar y pedir ayuda a su familia. No es algo anormal que un animal no humano (perrxs, gatxs, caballxs, pájarxs...) sufran crisis nerviosas o incluso infartos a causa de la pirotecnia. En algunos casos se les puede provocar la muerte. Cualquiera que haya convivido con perrxs o gatxs sabrá cómo actúan cuando escuchan cohetes o ruidos fuertes (generalmente se asustan o ladran).

La impotencia y la rabia que he sentido durante todo el tiempo que estuvo malviviendo en su casa no se puede explicar con palabras. Al menos yo no puedo. Si hubiese denunciado el estado en el que mantenían a Eliot, no habría pasado nada. De ser un humano, habrían metido a su padre y a su madre en la cárcel, pero al ser un perro, al ser un animal no humano, sin derechos ni protección legal alguna, no habría sucedido nada. Lo más es que se hubiesen reído en mi cara. Eliot, como tantas otras especies animales, se encuentran indefensas en un mundo en el que para mucha gente es normal comprar un perro o cualquier otro animal como si de objetos se tratasen. De ahí que luego se les trate como seres sin sentimientos ni intereses propios, y se les abandone como quien abandona una nevera vieja. Esta es la situación desigual y marginal que sufren millones de animales a lo largo y ancho de la Tierra.

El fin de esta historia llega con el abandono de Eliot. El mismo día en que la "familia" con la que malvivía se fue de su casa, lo dejaron tirado en la calle. Tirado, sí, como quien tira una colilla o deja en el basurero un armario que no puede llevar a su nueva casa. Cual fue mi sorpresa al salir a la calle que lo vi en mitad de la carretera y a punto de ser atropellado por un coche, desorientado, sin saber donde estaba. Abandonado por quienes él creía que eran sus semejantes. Pues sus semejantes poco o nada podían sentir por él cuando lo mantuvieron en una situación deplorable durante años y cuando les sobraba en el equipaje lo dejaron en la calle. No les importaba qué le pudiese pasar, creo que nunca les importó. Pudo morir atropellado, envenenado (hay gente enfermiza que se dedica e echar veneno en la comida para que lxs perrxs y lxs gatxs que viven en la calle mueran al comérsela, yo mismo lo comprobé al intentar salvar a un perro que estaba agonizando después de ser envenenado) o quizá pudo ser llevado por alguien que a saber qué haría con él. Ya he podido comprobar la crueldad de lxs humanxs en distintas formas, y nada me sorprendería a estas alturas. Finalmente, al ver que estaba en la calle y que su futuro podría ser peor que su pasado, decidí llevármelo a mi casa y al día siguiente llamar a la Protectora para que lo acogiesen. Creo que fue la primera noche que no durmió atado a una barandilla. Cuando lo abracé para ir con él a mi casa estaba asustado, pero tranquilo. Confirmé el nulo cuidado que recibía al ver que tenía algunos insectos cerca del ojo y en las dos orejas.

Si de mí dependiese, lo habría adoptado y acogido en mi casa como uno más de la familia, pero cuando vives con más personas tu criterio está supeditado a la decisión de lxs demás. Eso sin contar con que ya tengo un hermano canino. Sé que una Protectora no es el mejor lugar donde cualquier animal deba de pasar su vida, pero seguro que está mejor que en la calle o muerto. Allí podrá relacionarse con sus iguales y recibir el cariño y el cuidado de lxs trabajadorxs de la Protectora, que sé de primera mano cómo tratan a lxs más de seiscientos perrxs y más de cuarenta gatxs que viven allí.

Podría extenderme pero creo que no es necesario, esta es una de las muchas injusticias que sufren nuestros hermanxs animales día a día, hora a hora, minuto a minuto. Esta es una historia que ejemplifica el modo en que la especie humana se ha desvinculado sentimentalmente de sus iguales, de aquellos con quien debe de compartir la Tierra y a quienes debe de respetar. Es mi pequeño homenaje a Eliot y a todxs lxs que como él han sufrido la indiferencia de lxs humanxs. Tengo veintidós años y ya he rescatado a tres perrxs de la calle, lxs tres están en la Protectora de Pechina. Intenté rescatar a un cuarto que, por desgracia, murió en el intento. Lo encontré en mal estado y cuando lo llevaba en brazos a una clínica veterinaria ya estaba agonizando. Algún criminal decidió que su vida no valía nada y decidió asesinarlo. Un crimen más sin justicia. Una vida robada.

Por Eliot y por todos los animales, luchemos por ellxs y hagamos todo lo posible por hacer de este Mundo un lugar justo, igualitario, basado en el respeto y habitable para todas y todos, sin distinción de especie, país o sexo.

Si quieres adoptar a Eliot, visita este enlace: https://picasaweb.google.com/114484620947122605826/315ELIOT




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