26 nov. 2011

La necesidad de defender nuestra tierra de las agresiones del capitalismo



La necesidad de defender nuestra tierra frente a las agresiones del capitalismo


Este texto pretende hacer reflexionar al conjunto de la izquierda independentista en particular y al Pueblo Trabajador Andaluz en general, del peligro que corre nuestra tierra si seguimos inmersos en un sistema como el capitalista cuyo origen y fin se basa en la explotación y el máximo provecho económico de todo aquello que pueda ser explotado; humanos, seres vivos no humanos, así como los diferentes ecosistemas. Tanto unos como otros, estamos totalmente desprotegidos por las leyes burguesas que legalizan la usurpación, expolio y destrucción de nuestras riquezas naturales, las mismas que hacen de Andalucía un país con multitud de ecosistemas y entornos diversos y únicos.

En los últimos años, con la “economía sostenible” sostenida por el capitalista Estado Español, se están potenciando algunas de las llamadas “energías renovables”. Algunas de estas energías, no sólo causan un gran impacto ambiental, como la energía eólica, sino que además supone un peligro real para algunos seres vivos como las aves (1), que están muriendo a causa de los molinos eólicos instalados en nuestra tierra. Con este panorama, no es de extrañar que en los próximos años, no nos imaginemos un monte sin los ya instalados molinos eólicos de turno. Por otra parte, estos molinos eólicos, son financiados con dinero público mientras que multinacionales energéticas como Endesa o Iberdrola están alcanzando unos beneficios cuantiosos a costa de la utilización de nuestros recursos naturales.

En este sentido, existe un proyecto de una de las multinacionales energéticas que monopilizan este sector en Andalucía, que pretende instalar molinos eólicos marinos; imaginad nuestros mares cubiertos por molinos eólicos. Es una aberración contra la naturaleza y contra los seres vivos que habitan el mar, que ya están expuestos a diferentes formas de contaminación que suponen la disminución de la población marina y su diversidad. También las aves, en este tipo de instalaciones, correrían peligro.

Por otro lado, existen energías como la solar térmica o fotovoltaica, que teniendo en cuenta los pros y contras que conlleva su instalación y desarrollo, es sin duda la energía  que en menor medida perjudica a la tierra y que más se podría aprovechar teniendo en cuenta las condiciones climatológicas favorables que se dan en nuestro país. Ya hay en nuestro territorio varios parques solares, pero hasta el momento, algunos son experimentales y otros se convierten en energía aprovechada en algunos cientos de hogares, una cantidad que no deja de ser testimonial. Pero éste es un recurso energético limpio, que no produce emisiones a la atmósfera y que produce la energía en base a elementos naturales, no artificiales. El problema radica en que siguiendo bajo el mismo modo de producción capitalista, mientras que no genere más beneficios para la burguesía, este recurso energético no será potenciado como debería y seguirán siendo otras energías (las no renovables mayoritariamente) las que cuenten con el apoyo y patrocinio de las economías privadas y públicas. Donde el dinero manda, la naturaleza y el Pueblo Trabajador pierde.

A día de hoy Andalucía sigue siendo el basurero del Estado Español. Un ejemplo de nuestra vulnerabilidad como país frente al papel otorgado por el españolismo y sus instituciones coloniales, entre ellas la Junta de Andalucía. El cementerio nuclear del pueblo cordobés de El Cabril, recibe los residuos nucleares de todo el Estado Español, suponiendo un peligro ambiental para el entorno geográfico del cementerio y para los seres vivos que lo habitan. La energía nuclear es sin duda, pese a su bajo coste, uno de los mayores peligros a los que nos somete el capitalismo, poniendo en riesgo nuestras vidas para asegurar sus ganancias.

Caso histórico, y determinante, es el del Polo Químico de Huelva, una instalación de fábricas químicas junto al Río Tinto y el Parque Natural Marismas del Odiel. Pese a estar documentado que la existencia y permanencia del polo químico contamina no sólo a los seres vivos del Río Tinto o el Parque Natural Marismas del Odiel, si no también a la población onubense, siendo víctima de múltiples enfermedades a causa de los gases contaminantes que emite el polo químico, éste sigue funcionando actualmente. Y no será por que la población onubense no se haya concienciado sobre el peligro que supone el mantenimiento de tal aberración contaminante, porque se ha protestado desde diferentes plataformas e iniciativas para que el polo químico fuese desmantelado. Ahí sigue, y seguirá, provocando enfermedades y muertes a seres vivos humanos y no humanos, y lo hará porque por encima de la sostenibilidad y la salud de las personas y del entorno en el que vivimos, están sus beneficios.

En la otra punta del país, esta vez en la comarca granaína de El Altiplano, se ha desarrollado un plan para el trasvase de las aguas del Río Castril construyendo un puente conductor que recondujera las aguas hacia otras poblaciones. El pueblo de Cortes de Baza, consciente de la riqueza del río y de su relación histórica con la población, no como lugar disociado de la gente, sino como un elemento más de las cortesanas y cortesanos. Ante las protestas y las reivindicaciones de paralizar el proyecto expropiatorio, de una propiedad colectiva del pueblo de Cortes de Baza, las instituciones granadinas enviaron, como muestra de “tolerancia” y “respeto” a la voluntad de la vecindad, a sus Fuerzas de Represión (2). Tras diversas movilizaciones de las vecinas y vecinos de Cortes de Baza, quienes supuestamente representan al pueblo, han hecho oídos sordos a su voluntad y determinación para seguir adelante con el proyecto. Un proyecto que supondrá la degradación del pasado de todo un pueblo y de su porvenir. Situaciones como esta, que se repiten a lo largo y ancho de la geografía andaluza, reflejan la realidad totalitaria y dictatorial de un Estado, el español, que decide para proteger sus intereses y los de las clases dominantes en perjuicio de la voluntad popular.

Sigamos descrubiendo otros sucesos, como por ejemplo, uno más reciente ocurrido en un pueblo de la comarca almeriense del Valle del Almanzora, Albox (3). Un incendio provocado intencionadamente en una planta de reciclaje, provocó una gran nube de humo tóxica que, pese a las advertencias de colectivos como Ecologistas en Acción, las autoridades llamaron a la “calma” y justificaron su actitud afirmando que todo estaba controlado y que no había peligro, incluso que la formación ecologista estaba exagerando. La nube, debido a los productos tóxicos que se vieron afectados por el incendio, pudo haber provocado problemas de salud a la población albojense, sobre todo a quienes tuvieran problemas respiratorios. Fue el azar el que hizo que no se produjera ese perjucio a la salubridad de las gentes, ya que el viento soplaba hacia una dirección que llevó a la nube tóxica a un área en la que ya no existía ningún riesgo. Como en anteriores ocasiones, nadie ha sido responsabilizado del peligro al que se expuso a la población, de nuevo se manifiesta el “aquí no ha pasado nada”, hasta que vuelva a pasar. Estamos en manos de una casta política que legaliza nuestra desprotección ante cualquier fenómeno que, si se mirara por el bien colectivo y no por las posibles consecuencias de una negligencia de la planta de reciclaje o las autoridades locales, podrían en ocasiones evitarse y de no ser así, al menos reducir los posibles daños.

En Andalucía, pocas personas habrán escuchado hablar de los proyectos de construcción de nuevas líneas del Tren de Alta Velocidad (TAV), más conocido como “AVE”. Y quienes han oído hablar de tal plan, o no han sido informadas e informados como debieran, o están de parte del proyecto por la rentabilidad económica que supondrá para sus bolsillos. Mientras se lleva desmantelando durante décadas la ya de por sí insuficiente red ferroviaria andaluza, cerrando estaciones a lo largo y ancho del país, desde hace unos años se están construyendo diversas líneas del TAV que no sólo destruyen todos los ecosistemas que se encuentran a su paso, sino que además conlleva la expropiación de muchas viviendas o tierras de personas que lo único que tienen son eso, sus viviendas y sus tierras, huertas de las que han vivido siempre y sin las cuales no tendrán nada. Personas que serán expulsadas de sus casas para construir un tren para que el burgués de turno pueda llegar pronto a sus reuniones con total comodidad; eso sí, tras el previo proceso de destrucción de montes, vegas y ríos (4). En Andalucía, según expone el Plan de Infraestructuras (PISTA) 2007-2013, en 2013 todas las provincias contarán con al menos una estación de alta velocidad, para disfrute de los capitalistas. En distintos municipios se han realizado movilizaciones en contra del TAV, pero como en anteriores casos, ignorancia y caso omiso ha sido la respuesta de las diferentes administraciones. En otros países de la península como Asturias, Cantabria, Galicia o País Vasco, diversas plataformas en defensa de la tierra han llevado a cabo campañas contra la destrucción del territorio y del patrimonio natural que supone la puesta en marcha del TAV. En Andalucía, debido a la escasa información que se transmite a la población, pocas para la gravedad del asunto han sido las protestas en pro de la paralización inmediata del proyecto. Pese a ser conscientes de las limitaciones sobre todo físicas y logísticas de la izquierda revolucionaria andaluza, no debemos por ello obviar que tenemos que enfrentarnos a esta problemática si no queremos observar desde el “banquillo” cómo destruyen nuestra tierra y patrimonio natural poco a poco y sin apenas oposición popular. La alternativa al TAV está muy clara: rehabilitar todas aquellas estaciones que han sido cerradas y reactivarlas, así como aumentar el número de viajes de los trenes convencionales. Pero claro, para darse esa situación los responsables en materia de transportes son conscientes de que se generarían pérdidas y no beneficios; y lo que importa no es el acesso a un transporte público de calidad y que no suponga mermar más nuestro entorno, sino que lo verdaderamente importante es cuánto va a sacar el Estado y las constructoras designadas de tal proyecto. Los intereses de la mayoría, una vez más, ignorados para el regocijo de la burguesía y el neo-caciquismo.

Existen muchos factores que hacen difícil la concienciación del Pueblo Trabajador Andaluz acerca de la ineludible lucha ambientalista, ecologista y proteccionista, es decir, en defensa de nuestra tierra, su presente y futuro. Porque cuando ya no quede tierra, no quedarán tampoco personas y otros seres vivos que la habiten. Al cúmulo de particularidades (ignorancia, adoctrinación educativa, ocultación o manipulación informativa, priorización de otras luchas) se da una situación particular con quienes estudian en las universidades andaluzas para trabajar en la defensa de nuestro Medio Ambiente: las y los ambientólogos de Andalucía. Estas personas, que han elegido formarse para aportar sus conocimientos y esfuerzos en la protección y mejora de nuestra tierra y los elementos que habitan en ella, no obtienen reconocimiento profesional de la Junta de Andalucía (5). Después de estudiar Ciencias Ambientales, el camino que se les presenta consistirá en “competir” con personas especializadas en otros campos de estudio (biólogos, geólogos, etc,.) que si bien están preparadas para trabajar en sus respectivas especialidades, no han sido formados para las tareas que deberían emprender los y las ambientólogas. Este hecho plasma de forma bastante clara la apuesta del Estado Español y sus distintas sucursales autonómicas por la defensa del medio ambiente, infravalorando a quienes están más capacitados y capacitadas para la defensa y estudio de nuestra tierra. No hay recursos para asegurar un puesto de trabajo a ambientólogos y ambientólogas, pero sí lo hay para construir hoteles, campos de golf y urbanizaciones de lujo; y para esto último sí lo hay pese a que se continúa menguando nuestros recursos, ya de por sí escasos, para que se siga especulando con las expectativas de trabajadoras y trabajadores. No hay intención de reconocer a quienes trabajarán por la defensa de Andalucía, pero sí que la hay para seguir destruyendo nuestras playas, nuestros ríos y para continuar explotando nuestros recursos naturales para la comodidad de “golfistas” y turistas veraniegos.

Éste es el futuro que nos espera bajo el tutelaje de la España capitalista que explota sin dudar todo aquello que haga enriquecerse a las clases dominantes que mantienen el statu quo y que sin duda, les interesa mantener por el bien de sus privilegiadas vidas. Ahora bien, al Pueblo Trabajador Andaluz, a las clases populares andaluzas, en nada beneficia la destrucción de nuestras costas para construir complejos hoteleros o la aniquilación de nuestros parajes naturales para la construcción de campos de golf. Esto es pan para hoy y hambre para mañana. No se puede defender un proceso destructivo en vista de los puestos de trabajo, porque si bien son escasos y precarios, el valor de nuestra naturaleza y sus recursos, sí que generaría trabajo si éstos estuviesen en posesión del pueblo. Porque se puede mantener un turismo sostenible que no consita en destruir la tierra para “crear” puestos de trabajo, sino que se base en la protección de nuestro patrimonio natural y paisajístico por encima de todo.

Está en manos de las andaluzas y los andaluces conscientes, que ponemos en primer lugar el espacio en el que nacimos y vivimos, que nos hace ser lo que somos, no sea progresivamente destruido por nuestra indiferencia y pasividad. La mejor forma de avanzar en el camino hacia la independencia y el socialismo, comienza por defender nuestra tierra con unidad y sacrificio. Nadie dijo que acabar con las injusticias de la barbarie capitalista fuese tarea fácil.

Cristóbal García Vílchez

Notas:







Texto publicado en el nº55 de la revista Independencia.

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